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Visita a Bodegas Vizcarra

Podríamos cambiar el título de la entrada de “Visita a Bodegas Vizcarra” por “Disfrutando del vino con la familia Vizcarra”, porque así nos hicieron sentir desde el primer momento, parte de su familia.

Ya he dicho en más de una ocasión la admiración que me crea Juan Carlos Vizcarra, desde el primer día que dio una cata en Delatierra Nirio en el mes de Octubre y lo que me llamó la atención fueron sus manos, manchadas de tinta de uva de haber estado en cada proceso de la vendimia y para mí eso fue lo que hizo que durante toda la cata tuviera la piel de gallina. He catado con muchas personas de este maravilloso mundo pero pocas son como él y como su familia y no es peloteo es sólo amor por el trabajo hecho con alma. Así son los vinos de Juan Carlos.

Quedamos a las 12 de la mañana en la puerta de la bodega la cuál está en obras para mejorar el acceso de las personas que quieran visitarla y mejoras en cuanto a espacio para poder desarrollar el gran trabajo que hace todo el equipo de Vizcarra. Allí nos recibió su mano derecha en lo técnico, Miguel Ángel, enólogo joven y entusiasta, hasta que llegó el patriarca jajajaja. Como yo lo llamo: El Marqués de Mambrilla de Castrejón, al igual que él me llama a mí Predicadora 🙂

Fuimos a ver las instalaciones y a que nos explicara en qué consistían las obras que le estaba haciendo a la bodega, una ampliación para la zona de crianza lo que les aportaría comodidad a la hora de trabajar y el espacio perfecto para sus nuevos proyectos de los cuáles aún no podemos decir nada. Cuando terminamos de ver las diferentes zonas desde la recepción de la uva donde se colocaba la mesa de selección, hasta la zona de elaboración donde todo es por gravedad evitando bombas y la sala de barricas, pasamos a la sala de cata a la que no le faltaba un detalle. Entre ellos un mueble lleno de varios tipos de copas Riedel, cristal de calidad para catar vinos con personalidad.

Catamos la nueva añada de Vizcarra Senda del oro, la 2014, Vizcarra 15 meses 2013, una prueba de un vino de viñas de 70 años de edad con crianza en depósitos de cemento (Genial!!), de la sala de cata fuimos a catar en barrica Torralvo, Inés, Celia y el Garnacha de la añada 2014. Todo un espectáculo de verdad! Y cuando creíamos que ya habíamos terminado la visita llega Alejandra, su mujer, junto a Celia e Inés, sus hijas y comenzamos la comida de manos del anfitrión. Para limpiar la boca y refrescarnos abrió un cava de la bodega Raventós que estaba genial y se puso manos a la obra. Ver hacer un lechazo y unos entrecots a la barbacoa usando sarmientos secos de la viña, para los que somos unos frikis de este mundo fue una pasada. No puedo contaros con palabras lo que disfrutamos durante la comida, no sólo era que el lechazo estaba espectacular, es que el maridaje de la comida, los vinos y la compañía eran inmejorables. Éramos parte de su familia y eso es una sensación maravillosa.

Quizás penséis que después de comer ya era hora de irnos, yo también lo pensaba pero nada más lejos de la realidad. Cuando estábamos en la sobremesa y tanto Alejandra como sus hijas se marcharon y llegaron 3 chicos que estaban en un viaje enológico y estaban visitando bodegas en la Ribera del Duero, provenían de Estado Unidos y acaban de visitar otras bodegas muy reconocidas de una zona cercana así que sin más Juan Carlos los invitó a que nos acompañaran y se unieran a nuestra visita. Nos llevó a una cueva que era de su familia y que era dónde su padre elaboraba el vino hace muchísimos años y que el recuerda con una nostalgia y dulzura que te llena. Bajo tierra, cerca de la bodega, bajamos una escaleras y casi al entrar ya se sentía la bajada de temperatura que había, un frío… Pero un lugar que desprendía historias, un tiempo anterior, vinos de todo tipo, de diferentes añadas, de sus comienzos…

Los 3 chicos que se unieron estaban flipando, catamos Inés 2005, un año cálido que se dejaba ver en la nariz y en la boca, Alión 2002 y Torralvo 2000, con diferencia me quedo con el último, increíble la evolución y el carácter que nos regaló. De la cueva vuelta a la sala de cata de la bodega para continuar catando a ciegas un vendimia tardía fortificado como los oportos que nos dejó a todos locos. Juan Carlos es de los profesionales que no dejan nunca de experimentar, que no dejan nunca de aprender y que tienen tanta honestidad y saber que te dejan alucinada.

Bueno podría haber resumido la visita en que llegamos a Bodegas Vizcarra a las 12 de la mañana y que salimos a las 9 de la noche y que vuestra imaginación hubiera hecho el resto pero tenía la necesidad de contar mi experiencia y no podía dejar de darle las gracias a la familia Vizcarra, sobretodo al Marqués de Mambrilla por obsequiarnos de tanto conocimiento y tantas sensaciones que nos llevamos. Eres especial y por eso tus vinos lo son. GRACIAS

Fdo: Mª Ángeles (Responsable de Delatierra Nirio y Friki reconocida del mundo del vino) 😉

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