Blog Delatierra

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Para comenzar a intentaros hacer llegar mi experiencia en San Vicente de la Sonsierra os recomiendo picar en este enlace https://www.youtube.com/watch?v=a73mmBEdFrQ y subir el volumen a tope 😉

Sí, mi visita a Bodega Contador está llena de muchas sensaciones, no había una sola vez que me montara en el coche con Benjamín que no sonara este tipo de música que a la vez que chocaba con el paisaje se fusionaba con la personalidad de un grande en el mundo del vino. Después de pasar con él horas y de compartir momentos ahora es cuando más entiendo sus vinos y más los siento, los vinos de Benjamín están llenos de carácter, de rudeza, de trabajo, de pasión, de personalidad, de corazón pero sobretodo de Rock&Roll… Ou Yeah!!

Ojalá las fotos pudieran transmitiros todo lo que me llevo en un sólo día, intenso, corto pero suficiente para que me doliera la cara de sonreír. Desde muy temprano en la mañana ya me llevaron a ver viñedos, donde los trabajadores de la bodega curraban en un día en el que allí era fiesta. Eso ya dice mucho de la implicación y el trato que recibirán por parte de Benjamín. Allí en plenas viñas me enseñaron la poda en verde, por mucho que he leído no es lo mismo vivirlo. Un paisaje espectacular con el Castillo de San Vicente de fondo. Justo en ese momento el grupo que tenía concertada la visita a la bodega al mediodía la cambia para la tarde y cambian nuestros planes, es hora de disfrutar. Primero visitamos La Tercera Estación, nombre que hace alusión a la estación de penitencia en semana santa de la zona, el único y mejor Wine Bar de España jajajaja (Benjamín me entenderá) y en el que disfruté de la decoración, de una gran profesional, Inma, quien dirige el chiringuito y controla todo y de una copa de A mi Manera, un clarete que sólo se puede beber allí. De allí a Haro, a probar una tapa de pimiento relleno en un sitio emblemático “Casa Benigno”, sorprende los vinos que se copean por aquella zona, no sólo los vinos de Bodega Contador, sino vinos de grandes bodegas y de gran calidad a un precio genial. Era todavía temprano cuando estaba degustando con una compañía inmejorable una copa de Gravonia 2005 y un pintxo de tortilla picante y aquello era sólo el principio. De vuelta a La Tercera Estación, Benjamín cogió una barra de pan, un sobre de jamón y una lata de ventresca de atún y nos pusimos camino a La cueva, la original, con mucho Rock&Roll y unas ganas increíbles. Allí unas vistas bárbaras y aquí fue la primera vez que sentí esa magia especial, ese viaje en el tiempo, mil sensaciones al entrar en la cueva, la piel de gallina y no por el frío que hacía en ella, sino porque en el aire se sentía la melancolía de otros tiempos, se sentían las risas compartidas, sensaciones familiares… Otro tiempo, otra época con sólo tocar esas paredes. Me encantó el rótulo al final de la cueva “El arte supremos es el Amor”… Barricas de sus vinos Top, cajas de añadas como la de Contador 2005, una pasada!! Como lo fue probar de la barrica lo que será Carmen 2012, cuando me lo puso en la copa me alucinó el color, capa alta y un ribete amoratado más normal en un vino joven que un vino que lleva más de dos años y medio en barrica, aromas que me erizaron la piel, pude sentir la personalidad fuerte y dulce a la vez de su madre sin conocerla y en boca… Sencillamente mágico. Tengo que decir que ha sido el vino con el que más feeling he tenido, el que más me ha llegado. Allí disfrutamos de la copa de Carmen 2012 y descorchamos una botella de La cueva del Contador 2000, vino elaborado por primera y única vez sin sulfitos, a  pesar de las dudas estaba extraordinario. Un poco de jamón, un poco de ventresca y conversaciones eternas, me emocionó ver a Benjamín un hombre de apariencia fuerte y dura emocionarse hablando de su hijo… Todo eso está en sus vinos y para mí es maravilloso poder sentirlo en una copa. De la Cueva a comer a Casa Toni, sólo hace falta mirar las fotos de los platos y el maridaje para dar por hecho que fue fantástica la comida.

La siguiente parada fue un viñedo de los que se elabora Contador con un enorme cerezo presidiendo el paisaje, unas cerezas enormes que estaban riquísimas aún sin estar maduras del todo, viñas viejas, viñas que desprendían libertad, diferentes a las que había visto hasta ese momento, yo diría incluso con un poco de libertinaje, a su bola, pero llenas de sabiduría. Por fin llegó el grupo de americanos y nos fuimos a la viña de Andrés Romeo, ahí el viñedo desprendía disciplina, trabajo, lo mismo que su padre al conocerlo pero debajo de esa apariencia se entreveía una ternura infinita como el vino La viña de Andrés Romeo, taninos dulces detrás de la robustez. Tocaba visitar la bodega con una imagen del cuadro de Los Borrachos de  Velázquez como bienvenida, Sala de selección de uva, Despalillado, Sala de fermentación, de crianza, fotos de viñas por todos lados, una galería de fotos de diferentes épocas incluida una de su abuela, como explicó Benjamín era una mujer muy bajita pero con unos ovarios enormes, me encantó cuando dijo que ver la foto de su abuela ahí le hacía no olvidar sus orígenes… Y como colofón cata de los vinos incluido coupage improvisado directo de barrica de parcelas vinificadas por separado de donde se elaborará Contador, no podía pedir más ya que el momento era perfecto, el grupo genial y yo estaba como una niña pequeña en la mañana que llegan los reyes magos… Por algo siempre digo que soy muy friki, porque el mundo del vino y todo lo que lo rodea me emociona. Cuando deje de emocionarme cambiaré de trabajo.

Terminada la visita y la cata nos fuimos todos a La tercera estación de nuevo con el grupo de americanos a ver el vídeo de Bodega Contador y a disfrutar juntos de una botella de La cueva de Contador 2012 y chorizo y morcilla que cortó para nosotros Benjamín. Una vez se habían marchado tocó poner la guinda a un pastel maravilloso que había sido para mí el día completo, degolló una botella de Excelso del año 1950, un vino con 65 años y mucho todavía que contar. Sólo me quedó despedirme y una vez en la habitación poder disfrutar de cada recuerdo que me llevaba que eran muchos, ni el cansancio ni la tímida lluvia que caía camino al hotel me quitaba la sonrisa perenne, me la puse al despertarme y la tuve conmigo todo el día. Un viaje formativo, intenso, completo, inolvidable y mágico.

Gracias en primer lugar a Patxi, mi jefe, por regalarme esta experiencia y me gustaría nombrar a Tere por acompañarme, por vivirlo conmigo y por las risas que fueron muchas, a Inma por hacerme sentir en la Tercera Estación como en mi casa, a Siscu, a Allende, y como no al gran Benjamín Romeo por no perder nunca la pasión por una tierra y el amor por lo que hace.

Viva el vino!!

Escrito y vivido por Mª Ángeles Pérez Mifuz

 

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